Jarras en el Asfalto y en el Silencio
🏺 Jarras en el Asfalto y en el Silencio: Arqueología Cotidiana desde la Calle hasta el Cementerio
Introducción: Caminar como excavar
Caminar puede ser una forma de excavar. No con pala ni pincel, sino con la mirada atenta. Entre esquinas, veredas, plazas y márgenes, la ciudad está llena de fragmentos que el tiempo y el descuido han ido depositando. Restos que no tienen valor económico pero sí simbólico. Objetos que alguna vez fueron útiles —una jarra, una taza, una maceta rota— y hoy, fuera de lugar, despiertan una pregunta: ¿Quién la dejó ahí? ¿Por qué? ¿Qué historia encierra este pedazo de lo cotidiano?
Este artículo propone mirar el entorno urbano con ojos de arqueólogo y alma de caminante. Desde la jarra olvidada en la vereda hasta la que reposa entre flores secas en un cementerio, todo objeto puede ser un vestigio, una pista, una presencia.
🏺 La jarra: contenedor de agua, símbolo de memoria
La jarra ha acompañado a la humanidad desde tiempos antiguos. En algunas culturas, era parte del ajuar funerario. En otras, signo de hospitalidad. En la vida doméstica, contiene agua, vino, leche, jugo. Se pasa de mano en mano. Pero cuando queda sola —en una vereda, en un escalón, en una lápida— deja de ser solo útil: se convierte en signo.
Una jarra en la ciudad puede aparecer:
- Como bebedero improvisado para perros callejeros.
- Como florero en el umbral de una casa humilde.
- Como recuerdo enterrado en un cementerio olvidado.
Lo cotidiano, una vez desplazado, habla con otra voz. Ya no dice “úsame”. Dice: “mírame, interpretame”.
🧭 El caminante como arqueólogo urbano
Hay un tipo de arqueología sin manual, sin cátedra, sin museo. Es la que practica quien camina atento por la ciudad. Observa. Registra. Interpreta lo que otros descartan.
En mis caminatas he encontrado:
- Una jarra metálica apoyada junto a una silla rota en una esquina.
- Un termo sin tapa convertido en maceta.
- Una botella cortada, llena de piedras y tierra, con flores secas como única decoración de un lote baldío.
- Una jarra de cerámica enterrada hasta la mitad frente a un árbol.
¿Quién dejó eso ahí? ¿Qué función tuvo? ¿Y por qué aún no fue retirado?
Son preguntas que no siempre tienen respuesta, pero que nos invitan a ver la ciudad como un palimpsesto: una superposición de capas de vida que se revelan a quien las camina.
🧱 Arte povera: cuando el descarte se vuelve expresión
Muchos de estos objetos urbanos —jarras rotas, platos astillados, restos domésticos— podrían pensarse desde el arte povera, un movimiento artístico nacido en Italia a fines de los años 60. Su nombre significa literalmente “arte pobre”.
¿Qué es el arte povera?
- Es un arte que rechaza los materiales tradicionales (como mármol, bronce, pintura al óleo) y abraza lo cotidiano, lo efímero, lo descartado.
- Utiliza elementos simples: piedras, telas, maderas, hierros oxidados, jarras, sogas, tierra, ramas.
- Busca provocar una reflexión, no desde la opulencia, sino desde la precariedad.
- No adorna: interroga.
Los artistas del arte povera —como Michelangelo Pistoletto o Jannis Kounellis— se inspiraron en lo que se encuentra caminando, lo que otros no ven. Su intención era devolver a los objetos cotidianos su capacidad de conmover, de decir algo sobre el tiempo, el cuerpo, la vida.
Y eso mismo puede hacer quien camina con mirada abierta: descubrir el arte involuntario que deja la ciudad en sus márgenes.
🪦 Cementerios: jarras inmóviles, recuerdos que resisten
Si las jarras de la calle se mueven, cambian, aparecen y desaparecen, en los cementerios ocurre lo contrario: las jarras permanecen, detenidas en el tiempo.
Muchas veces son de cerámica esmaltada, de vidrio grueso o metal. Forman parte del decorado funerario: están junto a floreros, platos, portarretratos. Algunas están rotas pero no fueron retiradas. Otras están vacías, cubiertas de polvo, pero aún marcando una presencia.
Caminar por un cementerio —sobre todo en pueblos antiguos o barrios históricos— es caminar entre estos objetos inmóviles. Un museo a cielo abierto, donde cada jarra es una ofrenda, un mensaje, una costumbre.
🌿 Arqueología emocional
En este tipo de observación no se trata solo de datar objetos o estudiar sus materiales. Se trata de algo más sutil: la arqueología de los afectos. De los gestos humanos que sobreviven en lo material.
- La jarra vacía en una tumba: ¿dejó de usarse porque murió quien la reponía?
- El florero de plástico sucio, pero firme: ¿es lo único que un hijo puede pagar?
- El bebedero en la vereda: ¿fue pensado para un perro en particular? ¿o es un acto anónimo de solidaridad urbana?
Estas preguntas no se responden con documentos, sino con empatía. Son parte de una arqueología contemporánea que trabaja con residuos, pero también con recuerdos.
🗺️ Propuesta: La Ruta de los Objetos Olvidados
Desde este blog te invito a construir juntos una ruta participativa, donde podamos registrar y compartir:
- Fotografías de objetos hallados en caminatas urbanas o en cementerios.
- Breve descripción del lugar, barrio o ciudad.
- Una frase, una hipótesis, una emoción que haya provocado el hallazgo.
Podemos crear un mapa interactivo donde cada jarra, cada resto, sea una historia en sí misma. Porque cada fragmento tiene algo para decir. Y cada caminante puede ser arqueólogo de lo que aún late bajo el asfalto.
🔚 Conclusión: Escuchar lo que la ciudad no dice en voz alta
Caminar no es solo trasladarse. Es escuchar, ver, encontrar. Y en ese andar, podemos descubrir que la ciudad está llena de objetos que nos miran en silencio. Algunos en la vereda, otros entre lápidas. Todos con algo que contar.
La próxima vez que salgas a caminar, no busques solo calles limpias y paisajes lindos. Permitite observar lo que queda: las jarras rotas, los floreros gastados, las huellas humanas que insisten. Porque ahí, entre lo que parece olvido, hay también resistencia, memoria y belleza.








[19/8 18:55] Marcelo Santiago Silguero: Lo primero me hizo acordar a mí abuela y cuando era muy chico gracias a Dios tengo buena memoria y me recordó ese rincón donde teníamos el balde y yo tenía q ir z buscar agua a una cuadra de casa hasta q vino y pusieron el agua corriente
ResponderEliminar[19/8 18:59] Marcelo Santiago Silguero: Hasta el olor me recuerda decesos días
Hola Marcelo, muchas gracias por compartir tu recuerdo 🙏. Qué valioso lo que contás: esa imagen de ir a buscar agua con el balde y la memoria de tu abuela transforman la jarra en mucho más que un simple objeto. Me emociona saber que el relato despertó en vos esos olores y escenas de la infancia. Justamente de eso se trata este espacio: de redescubrir cómo lo cotidiano guarda huellas de nuestra historia personal y colectiva.
EliminarUn abrazo grande desde Entre el Asfalto y el Sendero, y gracias por sumar tu vivencia 💚.
Soy Marcelo de Berazategui
ResponderEliminarMaravillosa devolución momentos únicos como la jarra el balde y el recuerdo
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